jueves, 8 de enero de 2009

Reconstruyendo la historia perdida


Entrevista a Jorge Marchant Lazcano

Realizada por Jorge Queirolo Bravo


El año pasado ya realicé una entrevista a Jorge Marchant y debo reconocer que es un hombre que cumple lo que promete, hecho que indudablemente lo distancia de muchos de los políticos tradicionales y su forma de actuar. Es que en aquella ocasión Jorge me habló de una novela en preparación, la cual acaba de ver la luz hace apenas un par de semanas. Me refiero a "La joven de blanco", texto en el que el autor se remite a dos acontecimientos que realmente ocurrieron en la historia de Chile pero que, tal vez injustamente, han sido pobremente abordados por los historiadores y escritores. Se trata del incendio de la iglesia de La Compañía y del breve paso por Chile del pintor impresionista James Whistler. Sobre esto y otros aspectos del acontecer literario nacional vamos a conversar con Jorge, quien tuvo la amabilidad y la paciencia de recibirme nuevamente.

JQB: ¿Fue difícil gestar esta novela? ¿Tuviste que investigar mucho para tener acceso a las fuentes sobre las que se basa el libro? ¿O la mayor parte es ficción pura y salió de tu imaginación?

JML: Mi anterior novela "Me parece que no somos felices", publicada en 2002, y "La joven de blanco", responden a una etapa largamente postergada de mi trabajo. Ambas novelas las comencé a visualizar antes de mi entrada a la televisión, en donde durante muchos años me desempeñé como guionista, y estos dos libros permanecieron en una etapa como de incubación. Tal vez requerían de mi parte una mayor madurez, conocimiento literario e histórico, como para poder enfrentarlas oportunamente. Siento que al haberlas entregado, se cierra en alguna forma este proceso literario. Por el momento no tengo intenciones de escribir otra novela seudo histórica. Por cierto, el trabajo de investigación ha sido exhaustivo y en el caso de "La joven de blanco" fue más complejo porque nos remontamos a la segunda mitad del siglo XIX, una época del todo pretérita y de la que no existen testimonios orales, como sí sucedió en el caso de "Me parece que no somos felices", en donde la voz de mi abuela materna tuvo algo que decir al respecto. Inicialmente "La joven de blanco" iba a ser una novela dedicada totalmente al tema del incendio de La Compañía, pero en los últimos años de trabajo aparecieron dos elementos que cambiaron su rumbo.

JQB: ¿Cuáles fueron éstos?

JML: La lectura de la novela "La mujer de blanco" del escritor inglés Wilkie Collins, un autor bastante olvidado por más de cien años y contemporáneo de Dickens, redescubierto por escritores de la talla de Jorge Luis Borges y en Chile por el crítico Ignacio Valente. Collins es un maestro de la novela de suspenso y de la multiplicidad de voces como forma literaria y esto se liga directamente con un personaje victoriano, el pintor norteamericano James Whistler. Éste vivía en Londres en la misma época que Collins y extrañamente, sin que existan motivos claros, viaja a Chile en 1866, es decir tres años después del incendio de La Compañía. Con estos tres elementos construyo una novela más compleja, que el primer borrador de una visión unilateral de la catástrofe de la iglesia de La Compañía.

JQB: Es difícil elucubrar sobre los motivos que indujeron a Whistler a desplazarse hasta un rincón tan lejano como Chile, que prácticamente queda al final del mundo. Pero lo que sí creo que te puedo preguntar, a ti directamente, es lo siguiente: ¿cómo se te ocurrió enlazar en una novela dos hechos que no guardan ni la más mínima relación entre sí? Te lo pregunto porque a ningún otro escritor se le ocurrió semejante empresa, y el resultado fue una obra que, al menos en lo personal, me pareció muy entretenida y bien lograda.

JML: De partida no existe un mayor conocimiento, por no decir ninguno, del paso de Whistler por Chile en nuestra historia. Por ello, cuando descubrí en los Estados Unidos un libro sobre pintores norteamericanos en Latinoamérica y me apareció Whistler en Chile, me sumergí en su historia. Encontré un par de biografías antiguas sobre el personaje que me permitieron crearle el marco histórico. Pero de esos seis meses en Valparaíso Whistler nunca dijo algo coherente, lo que por cierto permitía la mayor fabulación en torno a él. Lo que más me atrajo de la pintura de Whistler en torno a mi novela, fueron sus óleos sobre la bahía de Valparaíso y una serie de retratos de mujeres vestidas de blanco, lo que cierta parte de la crítica inglesa consideró que era una aproximación o una ilustración de la heroína de la novela de Collins, hecho que al pintor le pareció sumamente incómodo. La primera joven de blanco es el icono que yo utilizo para crear la relación entre las dos realidades, la victoriana de Whistler y el mundo semicolonial en donde es posible una tragedia de tal envergadura, como la que efectivamente sucedió en la iglesia de La Compañía. Veo a Whistler como un extranjero incómodo, y prácticamente escandalizado con el fanatismo religioso que convierte a las mujeres sudamericanas en un remedo de sí mismas, ese ser tan espantoso llamado "la beata".

JQB: ¿Y tú crees que aquello es una época ya superada? ¿O no será que aún tenemos rezagos de esos años y con portavoces que gozan de una fuerte cobertura mediática?

JML: Lamentablemente 140 años después, muchos de nosotros nos sentimos tan incómodos como Whistler. Somos extranjeros en nuestra propia patria. Sigue primando entre nosotros la voz omnipotente de la iglesia católica, dictando lo que podemos o no podemos hacer, insistiendo en la presencia del demonio, intentando formar a la juventud en determinadas reglas morales, impidiendo en definitiva el ejercicio del libre albedrío. Respecto a los portavoces, es escandalizante el grado de oscurantismo de algunos "príncipes" de la iglesia que actúan impunemente.

JQB: ¿Te refieres acaso al cardenal Medina? ¿O es solamente mi imaginación la que me sugiere su nombre?

JML: Su reciente entrevista en Televisión Nacional permitió que el país pudiera escuchar a este personaje tan siniestro. Pero más allá de él, creo que es toda una institución que posa de modernista, la que sigue obstaculizando nuestra posible felicidad y esto es una herencia de más de 2000 años. Volviendo sobre esto mismo al tema de fondo de la novela, el incendio al interior de un templo católico provocó en la sociedad chilena de aquellos años una fuerte escisión. Hombres de pensamiento avanzado como Benjamín Vicuña Mackenna fustigaron fuertemente al clero e incluso la prensa, como el diario El Mercurio de Valparaíso, tuvieron una posición muy crítica al respecto. Por el contrario, grandes sacerdotes de la época como Larraín Gandarillas, fundador de la Universidad Católica, o Crescente Errázuriz, ni siquiera hicieron mención del incendio en sus memorias. La iglesia católica sufre de una fuerte amnesia al respecto.

JQB: Me da la impresión que la iglesia católica se pone amnésica cada vez que alguien se pone a recordar episodios que no le son gratos. Aunque no quiero asegurarlo. Lo que sí me parece como muy claro es que tu novela no le debe de haber gustado a sectores muy conservadores de nuestra sociedad. ¿Coincides conmigo?

JML: Voy a responderte respecto al caso concreto del tema de La Compañía. Mi impresión es que en dicho incendio murieron especialmente mujeres de sectores medios y fundamentalmente mujeres de pueblo, lo que no fue impedimento para que fallecieran también grandes señoras de la aristocracia, como una hermana del propio Larraín Gandarillas, lo que por cierto era un gaffe imperdonable. En un gesto extremadamente clasista la iglesia "condenó" a dichas mujeres sin nombre a la fosa común, la que con los años se olvidó por completo en un rincón del cementerio general de Santiago. En relación al agrado o desagrado que mi novela pudiese provocar en sectores muy conservadores, eso es algo que desconozco.

JQB: Entonces le vamos a mandar una copia autografiada a todos los obispos y ojalá que la mano no se te canse demasiado escribiendo las cariñosas dedicatorias que seguramente vas a regalar a tan nobles caballeros. Quién sabe si acaso no se vuelven literatos y te felicitan o refutan a través de algún libro. Pero volviendo a algo que dijiste anteriormente, ¿es cierto que no tienes la intención de seguir tratando temas históricos en tus novelas? ¿Vas a seguir escribiendo? ¿Hay algún otro libro en ciernes? ¿O aquí se cierra tu ciclo literario para siempre?

JML: Voy a seguir escribiendo aunque ahora quiero volver a lo contemporáneo. No sé hacer otra cosa más que leer y escribir. Estoy buceando en distintos temas sin tener muy claro hacia dónde voy. Pero de alguna forma estoy retornando a mis inicios, cuando escribí "La Beatriz Ovalle", el relato de una mujer de mi generación y fácilmente identificable con la hipocresía chilena de las clases altas.

JQB: Existe un rasgo que estoy captando como esencial en tu obra literaria. Reivindicas mucho a la mujer como ente oprimido por una sociedad machista. ¿O es solamente una impresión falsa y subjetiva que me he formado?

JML: Creo que esto es una muy buena observación. Desde "La Beatriz Ovalle", pasando por "Última edición", la obra teatral que estrené en 1983, y en la que criticaba la realidad de un sector de la burguesía en el interior de una revista de mujeres, siempre he estado interesado en descubrir nuevas facetas del alma femenina. Me parecen figuras mucho más ricas, y con más matices que los personajes masculinos al momento de querer mostrar determinados vicios y virtudes del comportamiento humano. La razón me la da Flaubert y su "Madame Bovary" o, más cercanamente, los inolvidables personajes femeninos de la novela "Las horas" de Michael Cunningham.

JQB: ¿Ha existido una difusión de tu obra fuera de Chile? ¿Fue en algún país en especial?

JML: No, lamentablemente. Mis primeras obras las publiqué con editoriales nacionales pequeñas, que no tenían mayor difusión y ahora en el caso de Alfaguara, los libros circulan sólo en sus países de origen. Hace dos años estuve en la Feria del Libro de Buenos Aires y vi con tristeza, que los ejemplares de autores chilenos publicados por Alfaguara, entre los cuales me encontraba, fueron colocados en las partes más inferiores de los anaqueles, a la altura de los tobillos del público asistente, que por cierto no se enteró jamás de la presencia de nuestros libros. En relación a "La joven de blanco" y por tratarse de un protagonista anglosajón, haré un esfuerzo para su traducción al inglés.

JQB: ¿Cuál ha sido hasta ahora la respuesta del público con "La joven de blanco"?

JML: La novela tiene muy poco tiempo en las librerías como para hacer una evaluación al respecto. Recién hoy acaba de aparecer la primera crítica impresa en el diario "La Nación", la que es muy favorable y entusiasta. Héctor Véliz Meza, por otra parte, hizo una excelente crítica en Telenoche de Canal 13. Espero con ansiedad la crítica de la Revista de Libros de El Mercurio. Gracias a estos aportes y a las escasas entrevistas a los medios nacionales, "más preocupados" de lo que se ha dado en llamar la farándula, el poco numeroso contingente de lectores tiene la posibilidad de acceder a los libros que se están publicando. Creo mucho en el "boca a boca" y considero que la buena venta de mi novela anterior se debió, fundamentalmente, a esta forma de difusión.

JQB: ¿A qué le llamas una buena venta en Chile?

JML: A lo que mis derechos de autor, que son el 10% de las ventas, me reportan: alrededor de 1000 ejemplares vendidos de mi anterior novela, lo que sin dudas es para Chile una cantidad interesante, muy lejana a las seis ediciones chilenas y una argentina de mi primera novela "La Beatriz Ovalle", aparecida curiosamente en plena dictadura.

JQB: Entonces la cultura parece que estaba mucho mejor con Pinochet... ¿O no?

JML: ¡Por favor! El lector en ese entonces tenía tanta necesidad de reafirmarse en medio de las tinieblas en que vivíamos, que buscaba textos que lo identificaran. De esa generación surgieron autores como Marco Antonio de la Parra, Darío Osses y Ana María del Río e instituciones como el teatro Ictus. Una solidez que en estos últimos años, y en democracia, parece haberse perdido con tanto ejercicio experimental y un cierto destape copiado de otras culturas. Lo lamentable es que dicha experimentación ya se había realizado 30 años antes o más, como por ejemplo, en los teatros universitarios en la década del 60.

JQB: Por la forma en que te expresas, causas la impresión que la dictadura militar no fue todo lo negativa que se dice en lo relativo a censurar o desautorizar expresiones culturales. Además, la censura en sí ya implica una forma velada de reconocimiento a lo que se hace.

JML: Para bien o para mal, yo crecí durante la dictadura y terminé mis estudios universitarios en el año 1974, por lo que fui parte de una juventud que conoció dos Chiles muy distintos. No sé qué habría sido de nosotros de continuar el gobierno de Salvador Allende, pero para mí fueron años de un gran entusiasmo. Me importaba un comino que las dueñas de casa tuviesen que hacer cola para comprar un pollo, cuando a nosotros, estudiantes y trabajadores, se nos abrían las puertas de par en par en el antiguo edificio de la Unctad, para comer prácticamente gratis. Si bien no llegaban películas norteamericanas por el boicot de las grandes empresas, veíamos como nunca festivales de cine europeo. Tuve la suerte de escribir un primer libro para la editorial Quimantú, que debía salir hacia mediados de septiembre de 1973. Por supuesto terminó quemado. De esta forma la dictadura significó un gran quiebre en nuestras vidas. Eso no impidió que yo siguiera desarrollándome como artista y, de hecho, "La Beatriz Ovalle" apareció publicada primero en Buenos Aires. Había que luchar contra viento y marea, y por cierto, en contra de la censura, y guardo como recuerdo los curiosos documentos con que el Ministerio del Interior autorizaba la publicación de un nuevo libro. Me imagino que son similares y tienen el mismo valor histórico, que los que se emitían en la España de Franco, en los primeros años posteriores a la guerra civil.

Es interesante haber conocido los puntos de vista de un escritor como Jorge Marchant Lazcano, cuyos libros han hecho noticia en estos últimos años. No solamente ha desempolvado episodios olvidados de la historia chilena, sino que también ha contribuido a enriquecer las letras de este país.

© Jorge Queirolo Bravo



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